La pobreza constituye, en la medida en que supone la antítesis del desarrollo social, una brutal y violenta negación de todos los derechos humanos y limita, sustancialmente, el alcance de las libertades públicas y la dignidad de los más pobres
Nicolás Angulo Sánchez

Nicolás Angulo Sánchez

Pobreza y desarrollo

España / Economía - Existe una relación entre la reducción de la pobreza, el desarrollo y los derechos humanos, pues el desarrollo humano consiste en la realización de los derechos humanos y, por consiguiente, en la progresiva reducción de la pobreza. El desarrollo humano debe estar centrado en los pueblos y en los individuos que los conforman, y tiene como objetivos la mejora de su bienestar y el respeto de su dignidad e identidad. Por esta razón, la pobreza constituye, en la medida en que supone la antítesis del desarrollo social, una brutal y violenta negación de todos los derechos humanos, que limita sustancialmente el alcance de las libertades públicas de los más pobres, privando a éstos y a las comunidades a las que pertenecen de los bienes necesarios para vivir dignamente. Y éste debería ser un asunto de interés en la ciencia y praxis de la economía.

Al igual que el desarrollo humano y sostenible, la pobreza posee un carácter multidimensional y complejo al implicar elementos materiales, como el hambre, la malnutrición; la falta de seguridad, de agua potable para beber y para la higiene; los problemas de salud ligados a enfermedades fácilmente curables con las medicinas y conocimientos actuales; las viviendas precarias e insalubres; el desempleo y el subempleo, y la escasez de ingresos económicos; elementos inmateriales, como el analfabetismo, el acceso restringido a centros de educación y a otros servicios públicos; exclusión y la marginación social, la violencia y, en definitiva, la falta de perspectivas y de esperanzas de que la situación mejore, lo que conduce a la desesperación.

Asimismo, la pobreza implica una importante limitación de los derechos de participación política. Por este motivo, cabe cuestionarse qué significa la libertad para quien no tiene suficiente para comer e incluso se muere de hambre, pues los derechos humanos y del ciudadano carecen de sentido para aquellos hombres que vegetan en el hambre, la enfermedad y la ignorancia.

El Banco Mundial (BM) establece en un dólar diario el umbral de la denominada "pobreza extrema", lo cual no deja de ser arbitrario, puesto que el dólar es una moneda de un país industrializado y su valor monetario no sólo no equivale a la misma cantidad de bienes en los diferentes lugares del planeta, sino que la disparidad puede ser muy elevada. Además, establecer en un dólar diario el umbral de la pobreza extrema permite ocultar que también existe este tipo de pobreza en los países que se presumen más "desarrollados". De todos modos, si tomamos ese dólar como referencia a título orientativo, aun con todas sus imprecisiones, se calcula actualmente entre 1.200 y 1.300 millones los seres humanos a lo ancho del planeta que viven (malviven) con menos de dicho dólar diario. Esto supone que uno de cada cuatro o cinco seres humanos vive en condiciones de "pobreza extrema" y con escasas perspectivas de que su situación cambie a corto plazo, dado que el número de personas que viven en tales condiciones no está disminuyendo.

Algunas de las principales dificultades de los países del tercer mundo se refieren a la enorme carga de la deuda externa, el deterioro de la relación de intercambio comercial, la disminución de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y la escasez de corrientes de capital privado y de recursos humanos hacia dichos países. Asimismo, llama la atención sobre la difícil situación del continente africano, donde la pobreza alcanza niveles particularmente graves:

"Gran parte del continente se ve afectada, entre otras cosas, por una infraestructura física e institucional deficiente, escaso desarrollo de los recursos humanos, falta de seguridad alimentaria, malnutrición, hambruna, epidemias, enfermedades generalizadas, desempleo y subempleo. A todo ello se suman diversos conflictos y desastres. Estas variadas limitaciones y restricciones hacen que sea difícil para África beneficiarse plenamente de los procesos de mundialización y de liberalización del comercio e integrarse plenamente en la economía mundial" (párrafo 17) (1). Por este motivo, "la crítica situación de África y de los países menos avanzados exige que se asigne prioridad a esos países en la cooperación internacional para el desarrollo y en la asignación de la Asistencia Oficial para el Desarrollo" (párrafo 185).

Esta lamentable situación empuja a muchos jóvenes africanos a intentar desesperadamente emigrar a Europa u otros países industrializados, muriendo muchos de ellos en el empeño, o siendo maltratados y malheridos, al intentar atravesar unas fronteras cada vez más difíciles de franquear, y que convierten a los Estados más ricos e industrializados en una especie de fortalezas inaccesibles, contradiciendo abiertamente su reiterada autoproclamación de "libres". La pobreza extrema supone la negación de todos los derechos humanos y que la libertad sin el respeto y cumplimiento de los derechos económicos, sociales y culturales es mera ilusión. Una cumbre particularmente relevante fue la Conferencia Mundial sobre Desarrollo Social, celebrada en Copenhague en 1995, a cuyo término se aprobó la Declaración sobre Desarrollo Social, donde se plantea como objetivo primordial de la comunidad internacional la erradicación de la pobreza, en tanto que imperativo ético, social, político y económico de la humanidad. La pobreza se caracteriza como un problema complejo y multidimensional que requiere un enfoque intersectorial e integrado, al igual que el desarrollo humano y sostenible. Al fin y al cabo, la pobreza es consecuencia de la negación del desarrollo y, por lo tanto, de los derechos humanos, incluidos los derechos económicos, sociales y culturales.

Uno de los aspectos relevantes de la pobreza se manifiesta, según lo expresado en la citada Cumbre, a través de la falta de participación de los grupos e individuos más vulnerables en la adopción de decisiones en la vida civil, social y cultural. Ello se debe a que la pobreza constituye un importante hándicap para la comunicación y el acceso a las instituciones, los mercados, el empleo y los servicios públicos, lo cual facilita que estos sectores de población sean olvidados y marginados por los encargados de elaborar y decidir políticas. Además, se considera que la satisfacción de las necesidades básicas es esencial para reducir la pobreza, y para que esto sea posible se insiste en la necesidad de crear empleo digno.

Otro aspecto fundamental para entender y definir la pobreza consiste en lo que se denomina como componente relacional, el cual es un factor que suele ser obviado por los autores de ideología liberal. Dicho componente relacional está estrechamente vinculado con el sentimiento de dignidad y de autoestima respecto de sí mismo, el cual es un aspecto que los propios pobres suelen recalcar con notoriedad a la hora de definir y de describir por sí mismos en qué consiste la pobreza y qué es lo que les hace sentirse pobres.

La pobreza no se reduce a una mera falta de ingresos económicos, sino también a una falta de desarrollo de las capacidades o facultades personales, debido a la privación o escasez de los medios y recursos básicos para poder llevar a cabo su desarrollo personal plenamente. De este modo, la pobreza se traduce en una deficiente calidad de vida, de seguridad y de autoestima personal. Así pues, la pobreza se subdivide en dos dimensiones principales: la económica, ligada a la escasez de ingresos económicos para satisfacer sus necesidades básicas, y la social, que se vincula estrechamente con la "exclusión social", y donde el aspecto relacional mencionado adquiere mayor relieve, sobre todo en los países más ricos e industrializados.

Nicolás Angulo Sánchez Autor del libro El derecho humano al desarrollo frente a la mundialización del mercado, editorial Iepala, Madrid 2005 (http://www.revistafuturos.info/resenas/resenas13/derecho_desarrollo.htm).


 
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