|
Experta en Doctrina Social de la Iglesia, Flaminia Giovanelli, 36 años en el Pontificio Consejo Justicia y Paz y los dos últimos como subsecretaria de ese discasterio, enfatiza que “el desarrollo no es un fin en sí, el fin es el ser humano”.
José Francisco Contreras
|
|
|
Santiago / Temas – En enero del año 2010, la licenciada en Ciencias Políticas de la Universidad de Roma, Flaminia Giovanelli, fue nombrada subsecretaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz, organismo en el cual ha trabajado desde 1974. Desde sus funciones en esa entidad vaticana, se ha especializado en los temas de desarrollo, pobreza y trabajo, lo que la ha llevado a ocupar roles en distintas tareas de la Organización Internacional del Trabajo, el Consejo de Europa o de la Comisión Económica para Europa, perteneciente a la ONU.
Su nombramiento en Justicia y Paz la convirtió en la mujer laica con el más alto cargo en el Vaticano, cuestión a la cual aludió el comunicado mediante el que el presidente de este Consejo, el cardenal Peter Appiah Turkson, hizo el anuncio: “El nombramiento de Giovanelli confirma la gran confianza que la Iglesia y el Santo Padre Benedicto XVI depositan en la mujer. Juan Pablo II subrayó en su día la necesidad de ‘una participación más amplia y significativa de las mujeres en la vida de la Iglesia y en el desarrollo de la sociedad’” (1).
Después de haber expuesto en el Congreso Social de la Pontificia Universidad Católica de Chile y antes de regresar al Vaticano, la primera mujer laica que ocupa un alto cargo de gobierno en un dicasterio de la Santa Sede, abordó aspectos de su intervención “¿Qué significa que la persona esté en el corazón del desarrollo?”.
Antes de responder a la pregunta de su conferencia, reconoce en términos generales que la persona humana no está en el corazón del desarrollo. Luego acude a una vieja definición: “el desarrollo es el paso de condiciones menos humanas a condiciones más humanas, lo más rápido posible en el tiempo”, concepción cristiana del desarrollo, que no considera a este como un fin en sí. “El fin que tenemos que buscar para el ser humano es el ser más, y el desarrollo es una dinámica para ir en ese sentido. Lo que acompaña al desarrollo en este camino para que el hombre sea más, son la cultura, las tradiciones y también la religión. Pero no todo es cultura. También el respeto a los derechos humanos, fundados en la ley natural y no en la ley positiva, en la concepción del hombre como una unidad de cuerpo, alma y espíritu y también de libertad religiosa. Hay que recuperar estas dimensiones que ya se han quebrado”.
Se trata de una cuestión compleja para el Magisterio de la Iglesia, que pretende iluminar a los que no creen, a los no cristianos, “porque la Doctrina Social se basa en la Revelación, pero también en la razón y en la ley natural, la cual —es claro— está muy subvalorada hoy, es un discurso que la gente no entiende. Lo difícil de hacer ver la bondad de una idea, de una concepción, es que la gente cree que es verdad solamente lo que se puede probar científicamente, lo que se toca, algo que se ve. Para nosotros, el hombre es creado a imagen y semejanza de Dios, lo más similar posible. Hay una figura en Mater et magistra que dice que la doctrina cristiana es la unión de la Tierra con el Cielo. Creo que esa es la función que tenemos los cristianos y el instrumento que es la Doctrina Social, la de empujar la Tierra para que se verifique esta unión”.
LA CUESTIÓN SOCIAL ES, HOY, UNA CUESTIÓN ANTROPOLÓGICA
En parte de su intervención en el citado Congreso Social, Flaminia Giovanelli citó al papa Benedicto XVI en su encíclica Caritas in Veritate: “hoy es preciso afirmar que la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica, en el sentido de que implica no solo el modo mismo de concebir, sino también de manipular la vida, cada día más expuesta por la biotecnología a la intervención del hombre” (n° 75). Acota que “todo ello ha hecho nacer en el ser humano moderno un sentimiento de potencia, o incluso de omnipotencia, convenciéndolo de no deber nada a nadie, de ser él solo autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad”.
Añade que “ante el prodigioso desarrollo de la ciencia y de la técnica, actualmente es también necesario enfrentar las críticas modernas y contemporáneas respecto de la cognoscibilidad racional y de la existencia misma de Dios, y es necesario tomar conciencia de la profunda distancia histórica y cultural que nos separa de la situación premoderna, en la cual el acceso a Dios era pacífico, siendo dado por descontado. La visión de la persona humana, así como siempre la habíamos concebido en la prospectiva cristiana, no es más una visión compartida en el mundo cristiano. Por consiguiente, también la existencia misma de un Dios creador, en las sociedades occidentales, es puesta cada vez más como un ‘quizá’. Advierte el Papa al anunciar el Año de la Fe: ‘Sucede hoy con frecuencia que los cristianos siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. Pero, de hecho, este presupuesto no solo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado’ (Carta Apostólica para la convocación del Año de la Fe, Porta Fidei, n° 2). Todo ello posee relevantes consecuencias sobre el desarrollo”.
Una de ellas —destaca— es “la que hace coincidir la felicidad con formas inmanentes de bienestar material y de acción social, y de retener que la economía, para funcionar, exija estar desvinculada de exigencias de carácter moral, abusando por tanto del instrumento económico. La crisis financiera es un ejemplo clarísimo de las consecuencias que nacen de este desconocimiento de las exigencias éticas”. Asegura que “estamos hoy dominados por la cuestión de la crisis. Esto es algo que casi nos paraliza”.
LOS SIGNOS ESPERANZADORES
Pero esa crisis no alcanza a disminuir la solidaridad de asociaciones internacionales —“no de Gobiernos”— hacia los países más pobres. Por lo mismo que es optimista, a pesar de la secularización de la sociedad actual y la aparente menor influencia de la Iglesia católica. “El otro día el actual jefe de Gobierno de Italia, Mario Monti, habló de ‘bien común’. Eso no se decía desde hace decenios. Por costumbre se oye hablar de ‘interés general’, que es bien distinto de ‘bien común’. Yo creo que esa es una señal positiva”.
Su optimismo se alimenta también en la influencia que a veces logra el pensamiento cristiano en los centros de decisiones políticas, sociales y económicas. Flaminia Giovanelli recuerda que cuando empezó a trabajar en el Pontificio Consejo Justicia y Paz se hablaba de desarrollo económico y de crecimiento. “Pero ahora, más aún después de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de 1995 en Copenhague, la gente ya no habla más de eso, sino que de desarrollo social. Mucho se debe a los cristianos que trabajan en las organizaciones internacionales”.
(1) El comunicado, con fecha 21 de enero de 2010, señalaba también que ella “es la primera mujer que ocupa el cargo de subsecretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Antes de ella, la laica australiana Rosemary Goldie desempeñó el mismo puesto en el Pontificio Consejo para los Laicos, mientras que una religiosa, sor Enrica Rosanna, F.M.A., es la actual subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica”.
___________
José Francisco Contreras. Periodista. Artículo publicado en revista
Mensaje,
www.mensaje.cl